Félix.

    Pálido y de infinitesimales aspectos era Félix. Estaba por terminar la primaria de su escuela privada y tenía pensado trasladarse a una estatal por motivos astrales y de reposo. Turno tarde con dos consumiciones diarias, dos recreos, dos salones (por piso) y dos personas por banco; Félix no completaba el espacio de su compañero Facundo que frecuentemente faltaba a la escuela. No se angustiaba por sus escasos amigos ya que no había madurado socialmente y no tenía por qué hacerlo con su género de vida. No tenía pieles, era un precoz creativo sin preocupaciones ni fatigas. Siempre quiso tener su obra maestra, su dibujo o arte que lo consagrara en el pedestal de los artistas que poco conocía y tanto admiraba. Todo el tiempo nacían obras e ideas en su cabeza pero al llegar a la hoja y el papel morían. Solo por eso se frustraba y solo por eso él está sufriendo lo que sufre, solo por su arte indefinible, alternativo o indomable.
    Solo dejaba de ser vago con sus metas y volvía al cuerpo tangible cuando el mundo real lo proponía. Se sentía dominado y humillado por todo lo que estaba fuera de su casa, fuera de sus términos y adentro de su corazón tímido.