No solo goteaba la canilla del lavabo de la cocina, también el purificador goteaba. Y a dueto coral se puede admirar a estas dos segregando las gotas. Expulsándolas y cayendo bruscamente hasta el metal moldeado de la fuente, formidablemente cruel. La guitarra parece alejarse, apartarse del lugar de los golpes acuíferos contrastando la luz de las pavas humeantes y picudas.