Volátil.

    Las cosas se han puesto volátiles en muy poco tiempo. Los tiempos modernos exigen una propuesta rápida, no importa si bien tomada o inseguramente hecha, pero veloz si no queres que este grosero y apresurado tiempo te arrastre (¿al olvido?). Y te quedas observando tus decisiones mientras tomas otras y así hasta lograr algún primer plano. El tiempo es tirano y no hay una cabina de reclamos. A nadie le importas así que te apresuras y esperas mientras eres para ser. ¿Complejo no? Y no sumemos los colapsos, los demonios, las expectativas, los papeles arrojados al cesto. Eso no importa.
    Nunca pensé que llegaría, siempre aburbujado y protegido pero ahora estoy obligado.
    Relataré mi sueño ya que fue la última creación que permaneció en mi memoria (la rutina es algo que desespera y olvida como el tiempo):
    El fin ha llegado. Hay remolinos en los cielos oscuros, aeroplanos se pierden y se estrellan en la tierra, naves multicolor se avistan a lo lejos. Yo siempre creí, siempre mantuve la teoría de la hostilidad, de la indiferencia que nuestros gobernadores, que el poder supremo nos tiene. Nadie puede creer que los hayan dejado así pero está sucediendo y en cualquier instante tendrán que creerlo a falta de otra. Los hechos son los hechos y son inevitables.
    Recuerdo haber fumado un cigarrillo armado en una tribuna despedazada, hecha añicos por el viento. Dominguez y yo estábamos ahí. Aunque el clima era pésimo conversábamos sin problemas. Imagino porque nuestra suerte fue la de desconfiar de los de arriba, la mala suerte de ver lo verídico ¿Quién lo creería?.