Trabajo.
Lo
cierto es que despues de los exoticos acontecimientos de ayer, al
otro dia fui al laburo como todos los demas. Ignorando todo lo desatado
en aquellas horas preambulares. Preso de una ambición desmedida, fiel a
la juventud y optimismo que todavía poseo pero sin la madurez de
llevarla a cabo. No van mas allá de las epifanías o leves anagnórisis que
acostumbro tener y a decir verdad no se que haría sin ellas porque
vivifican mi experiencia y humedecen la realidad y esta realidad es la siguiente.
De 6 a 3 trabajo en Belgrano, el bondi me deja
a un paso. A veces me gustaría que me dejara mas lejos y mas lejos, para disfrutar mas de los adoquines, de la mañana, del sol y el viento pero me encierro en un hotel de cinco estrellas sin brillo, creo que de 13 pisos o no se cuantos, con los compañeros mas insufribles y un jefe ausente pero omnipresente y opresivo, como la alerta de un virus de contacto. Mi puesto es el de bachero, aunque limpio el hall de entrada cada mañana, preparo la mesa del desayunador y ayudo a las mucamas cuando la cocina cierra. Mi sueldo, que para mi molestia esta asentado en cada recibo, es el de "peon de limpieza". Pero qué importa ¿o no?
La primer cara del día es la de Lucas, un rubio pequeño, con cinco arrugas en la frente y dos a cada lado de la boca que definen sus facciones con nobleza porque resaltan sus asumo asendencias nordicas. Tiene algo así como 40 o 45 años aunque hay amabilidad en sus ojos y no es mala persona. Es el unico compañero de trabajo al que no odio, desgraciadamente solo comparto con el este momento a la mañana porque esta terminando su turno nocturno mientras yo comienzo el mío, trapeando el hall de entrada que es como trapear el culo de una ballena y la mierda viene despues. Espero
no tener que volver a escribir esta rutina del demonio, pero tranquilos
entrañables lectores imaginarios, primero lo horrible.
7 de la mañana. Despues de limpiar el hall y asegurarme de que puedas comer sobre él, tengo que ir al baño y limpiarlo tambien, lo más difícil son los espejos. Admito que existe algo relajante en dejar ese reflejo perfecto que aunque miente, al menos esta limpio.
7:30 de la mañana. Abro la cocina y el desayunador. Lo mas exasperante de este particular momento del día es ver que haya gente en el hall de entrada y aunque no necesaria mi reaccion es la de apurarme, porque esas presencias me drenan. ¿Quieren comer o no? Esperen, ya llega el cocinero.
8 de la mañana. Sergio, el cocinero y mozo, llega a la cocina, me saluda como siempre aunque un puñetazo recíproco sería un saludo mas autentico. Este delgaducho, que parece árabe, tiene un mostacho y un ojo de color gris. ¿Por qué tiene un ojo gris? Nunca se lo pregunte. Siempre me concentro en no concentrarme en él. Es desagradable, casi tanto como él. Sergio tiene mi edad o un poco mas, a juzgar por su sentido de la responsabilidad a lo perra fría, tiene muchisimos mas que yo, tantos como mi mama. Es como mi mama, solo que sin quererme y apurandome todo el tiempo. Dice que me apura para que no me caguen a pedos pero solo él me caga a pedos. Preparamos un plato con muchos fiambres. Los doblamos y procuramos ocupar el plato con la mayor cantidad de ellos. Momento como este, de camaradería seca y fría, es nuestro vínculo mas ferreo, sino el único. Trabajo con él hace dos meses y no puedo sacarle ni una chispa de nada. Por mí puede morirse, pero no enrollo los fiambres tan bien como él. Si estos giles comerían cualquier cosa
9 de la mañana. El jefe aparece, un judío pequeño llamado Elías que tiene una voz poderosamente ronca. Debo admitir que cada vez que aparece me asusto y eso que siempre es a la misma hora y por unica vez. Maldito. Siempre nos saludamos con un apreton de manos que no significa nada. Bueno, como todos los apretones de manos. Siempre hay que sentirse normal. Nos pregunta a Sergio y a mí cómo va todo, si hay mucha gente. Siempre responde Sergio y esta bien porque a mí no puede importarme menos. Solo hago mi trabajo por la guita. Tranquilos lectores imaginarios, esto es el infierno y tal despierta en mí. El paraíso esta lejos de acá, ahí afuera, idealizado y contenedor, muy muy lejos de acá.
10 de la mañana. Llega Miguel, el tipo que arregla todo lo que se rompa, excepto las vajillas y nuestros corazones aunque no son su responsabilidad. De hecho el de él esta roto. Miguel es gay, mas gay que las riñoneras. Aunque tiene esposa. Bueno, como se puede escuchar rock sin ir a recitales o ser bibliotecario sin haber visitado nunca bibliotecas. Ademas de su homosexualidad, que no es lo mas caracteristico de él pero lo primero que se me viene a la cabeza, es alto. Tiene 50 o 55, calvicie arriba, pelo blanco a los costados y es muy tano. Siempre esta de buen humor y es el mas genuino al saludar a todos. Los momentos de mayor calidez los tuve con él, pero no es porque sea gay, es buena persona. Siempre me recomendó como laburar y pasar los días en este antro sin que me deteriore por dentro y era ameno hablar con él. Idealizaba mucho a Europa, le gustaba chismorrear y hablar mal de Sergio y era el favorito entre las mucamas. Creo que el único favorito. Yo solo le caí bien a una, a Ada.
12 del mediodía. La cocina y el desayunador cierran. Me despido de Sergio con un apreton de naturaleza muy distinta al primero. Aunque me cueste admitirlo me siento feliz por él, que se va de acá. Mientras tanto yo me acerco al recepcionista, al que llamaramos Pablo sin ahondar mucho mas, ya que estoy medio podrido de describir a estos payasos; me equipo con un handy para hablar con mucamas y jefes y cualquiera que este conectado en la red. No diría que es la mejor parte del día pero falta menos que antes, ademas de que puedo conversar un rato con Ada y Miguel. Cuando no los veo, fumo tres cigarrillos mas.
Presiono el boton del ascensor en planta baja y mientras espero en medio del hall me anuncio por el Handy y pregunto si alguien necesita algo. O Miguel necesita una mano con una tapa de inodoro o alguna de las mucamas necesita un Ibuprofeno. Ojalá respondiera Ada. Ojalá estuviera Sofía.
Ojalá estuviera Sofía...
Sofía...
-"Sí Juan, acercate al piso 7, habitación 3 y traete algunas toallas sucias del sotano".
Miguel, Carajo!
15 de la tarde. Saludo a todos y me voy. Los días no cambian, la gente no cambia. Pero ahora el mundo se abre frente a mí. La exhalación queda atras. Las puertas se abren y todo Belgrano es para mí.