La arrogancia de pertenecer.

This is the temple
of my adult aloneness
and I belong
to that aloneness
as I belong to my life.
There is no house
like the house of belonging.
—David White.

El portico.
    Cuando estuve sentado en el pórtico al lado de un almacen en Belgrano solo pude largarme a llorar. Sollozo en el concreto, tribulación. ¿Por qué se da vida al hombre que no sabe por dónde ha de ir, Y a quien Dios ha encerrado?¹ La verdad es que tenia la esperanza de que alguien viera la pena que tenia. La teatralidad del dilema pero de a poco fui cayendo en la triste realidad de estar completamente solo; sin desencadenantes, sin grandes cuadros. Solo solo.
    Asi que estoy en el concreto, triste despues del trabajo. Tan melancolica me parecia la vida y tan arrugada. Llena de tinta pero sin dedicatorias. Primero llore y despues me preocupe. Primero fue el niño, despues el adulto.
    Entonces en lugar de tomarme el colectivo, porque delante del triste portico estaba la parada mas alla de la vereda, en la calle misma. Los tacitos brazos alzados que paran a los bondis se acumulaban en mis visiones. Gente grande, niños, mujeres y hombres.
    En el deambular, en el ir y venir de esas personas mantenía la esperanza de que alguien me notara pero como dije, despues de un rato envejeci y la ribeta de un sosiego se asomo. El señuelo de un sosiego el tiempo: de que tal vez pueda encontrar una solución, la solución del adulto.
    Me sentía mal porque en el trabajo se me imprime la desidia en mis tareas. A veces saco notas, escribo mis pensamientos pero la verdad solo es un remolino descendente que no moviliza ningun horizonte. Solo escribo por escribir. Lo venía haciendo desde un tiempo porque pensaba que podría ser de alguna utilidad escribir lo que pienso. Que las sentencias tenian algun valor. Sigo con el hábito pero de a poco se me desmedra el gusto. Antes era terapeutico y divertido, ahora solo una obsesion.
    Alzo la mirada al fin. La calle resplandecía. Los adoquines aceitados por el calor y me doy cuenta de que estoy en la sombra. El portico donde estoy debe verse como una mancha.
    Los cruces, los autos y los reflejos. Cuando envejecí me fui a un bar que siempre que lo paso se me sale algo. La juventud de explorarlo. Este pensamiento me levita del piso y me echa a andar triste y aunque avanzo triste al menos tengo los ojos secos. Bolsas rojas, rojas e irritadas.
    Voy por Matheu pasando Cabildo donde corren todos los colectivos como queriendo pisar gente. En medio de la catastrofe controlada que es la cargada avenida cruzan unas cuatro o cinco chicas con uniformes de escuela secundaria. Las faldas replegadas, las medias largas a medida, las mejillas nuevas en el mundo y el andar descuidado. Todo con el estribillo de las risas, de la inocencia.
    Cuando las pase empezaron los trajes de levita/gabardina. Los hombres bien peinados que usan zapatos lustrados. Las viejas que tienen una mirada severa o atropellante. Basicamente lo horripilante.
    Calles y calles pero que pasaron rápido porque tenía el bar en mente. Hace tiempo que quería ir y por fin iba porque el portico. Ya estoy llegando... me falta una cuadra pero puedo verlo en la esquina.
    Todas las paredes son de madera pero sin barnizar. Solo madera sentida por la mano seca del hombre. Nada brillaba en aquel lugar pero confiaba en la intimidad del lugar. Lugar, lugar, lugar.
    La puerta que pretende ser corrediza era horrible, tuve que empujarla con bronca para abrir de costado. Cuando logre entrar me volvi para repetir el complicado procedimiento pero me volvi de nuevo hacia adentro para ver si podia simplemente sentarme y ahorrarme esa cosa que me hacia sentir como un imbecil. Adentro habia un tipo flaco, viejo y canoso, de pelo largo hasta el cuello y un poco descansando en el hombro. Al verlo le apunte la puerta con una expresion fastidiosa. Como si le apuntara a alguien nefasto que acababa de decir una estupidez. Me dijo que la deje ahi. Creo que dijo que no tiene arreglo pero no estoy seguro. Me acerque a el y ahora veo que el chaleco que lleva es demasiado naranja. Lastima la vista el contraste en el ahumado lugar que era oscuro, que era tibio y que no albergaba a nadie. La cara de reptil, de serpiente, de alguien amargado que se resistio a muchas cosas. Por suerte solo es un empleado circunstancial y nunca voy a tener que descubrir los detalles impolutos de su personalidad seguramente horrendos. Le pido un café y me voy a una mesa de por ahí.
    Como escribo mal no se bien como describir la posicion exacta pero da lo mismo. Me sente en cualquier mesa, una del fondo que tenia una ventana que permitia muchisima luz pero que los arboles (tipo de arbol ¿encina?) se encargaban de tamizar. Entonces ese recoveco era como humedo, una cueva, como ese lugar donde se detuvo la liebre y elevo su oracion a traves de la tela de araña.
    Sentado alli me dispuse a esperar, encantado en verdad. El paisaje era bello ahora, supongo por estar embelesado por la liberacion de mi deseo consumado, venir aca. Observo un poco las sillas, las mesas. No hay fragor bocinero o alaridos o nada horrible. Me sentía bien de nuevo, perfectamente renovado.

¹Reproducir Fratres de Arvo Pärt, Tasmin Little version.

El cafe.
    Cuando la serpiente me trae el cafe se lo pago y me dispongo a la concupiscencia del trago. Glorioso manjar balsamico que suaviza mis canulas. Mas rejuvenecido que antes. Dispuesto a despegar y enmarcar el momento. El olor del lugar no tiene alma tan neutro como un sello.
    Afuera, cruzando la calle, una mujer hermosa pasa. Pelirroja y con la mandibula cuadrada. Los tacos tronan cuando cruza por el semaforo rojo rojo como ella. Tuc-tuc... tuc-tuc... Es mi imaginación la precusion pero seguro es esa la marcha. Cuando la pierdo de vista la sigo por las otras ventanas alarmado y enojado con mi falta de atención y el cogote se me descubre. Paso de una ventana a otra y me asusto primero y me averguenzo despues al ver a la mina sensual justo en frente mio, en el centro del bar. Claro, la puerta estaba abierta. Tal vez ella, como yo, hace tiempo quería experimentar el bar y entonces vio su oportunidad.
    Cuando la vi mi verguenza fue obvia, aterrize de subito en mi taza de cafe. Con la marea oscura de frente despidiendo el vapor. El olor me despertaba el olfato pero estaba nervioso como una ultima pieza de ajedrez. Me pongo en guardia lentamente, con el objetivo marcado pero subrepticio de seguir disfrutando de la vista de mi ventana. Con las cejas alzadas, con esa cara de estupido de no entender algo. Con los ojos cansados, esa mueca suspendida que hace que el menton se arruge no se por qué. Trato de, de a poco, ir extendiendo el rango de mi observación. Pasando por el quicio de la ventana, los cuadros chiquitos con imágenes en blanco y negro. Muchos cuadros. En uno de ellos había una niñita de colitas con una paleta de golosina, en otra estaba la jeta de Frankenstein torturandote la consciencia y en otra estaban dos de los tres chiflados y pense mierda, ¿Quién carajo decoro este lugar?
    Mas sillas, mas mesas con el mantelito de picas guarneciendo cada binomio de mesas. Acá el conjunto no me pareció tan mal. Y ya llegando al temido lugar, cerquita, la puerta corrediza abierta y la increíble mujer que estaba antes en medio del lugar cuando entro (como para no acaparar la atencion universal) ya no estaba. Un sudor imaginario de esos nerviosos se pulverizo, disolviendose junto al drenaje que ahora oigo a mi derecha. La mina tal vez solo paso al baño. Es bastante comprensible: hay un espejo mas grande que el que cargan en sus bolsos pero muchisimo mas sucio tambien. Creo, no se si esta sucio. En realidad debe estar limpio. Estoy confundiendo el lugar con su dueño. El lugar es increible la verdad. Tuve que haber venido hace rato. El drenaje desciende llegando muy lejos y asciende el repiqueteo marchado de los tacos. Tuc-tuc... tuc-tuc... Pasa apuntando a la puerta. Le veo el orto, el jean ajustado. Los bolsillos de cada nalga tienen un emblema aniñado. Unas puertas simulando ser una firma panoramica, supongo que del autor del jean. Nalga 1 y Nalga 2 parece decir. Prensado el pan convserva una forma que debe ser aun mas hermosa descubierta. La hermosa mujer se alejo y vuelvo a otras fantasias.
    El embeleso de lo que supuso hacer esta parada reprimida me motiva a seguir el dia con la misma beatitud. Salgo a la calle sin siquiera mirar a la serpiente que debia estar en la barra. Estaba encaprichado con mi nueva vision.

La calle.
    Empiezo a caminar por las calles de antes pero ahora las caras no me parecen tan penetrantes. Estoy conmigo. Siempre que ando en la calle se me descongestiona el pensamiento. Pense en dejar ese laburo de mierda y hacer lo que quisiera. Bueno, dentro de todo. Bueno, priemero dejar el trabajo. Despues lo demas. ¿Qué es lo que quiero hacer? Solo quisiera tener una rutina que me guste. Sentir mas veces un sumum como el anterior en el cafe. Mi cerebro esta jodido. Mi vida esta jodida ¿Cómo carajo voy a dejar el laburo? ¿Qué carajo voy a hacer? Ese cafe me quemo el cerebro y dejo en su lugar una llama peligrosa. O me enfrio ya o sigo. Mejor me enfrio.

Plaza de Lacroze.
    Entonces me voy a la plaza de Dorrego, que quiero ver unos vinilos. Me detengo en la parada y espero el bondi. Llega rapido, mis consciencia con la vigilia encantada es mas volatil. (EXTENDER)
    Termina el viaje y desciendo en la feria. Ni bien me bajo en la esquina de los puestos, el inicio de mi recorrido. Afuera de un cuadril una mujer madura de rizos fuertes. Las bermudas apretadas terminan abajo de sus rodillas. Las piernas morochas, tersas, saludables y brillantes de un obvio vacacionar exotico. De clase acomodada pero ganandose unos mangos en la feria. Con chucherias como la mayoria de estas pocilgas descartables. Pertenencias que atormentan su casa, que debe estar impecable. Sillones blancos de funda gruesa de esos incomodos y muchos espejos para reflejar la vanidad. Cuadros familiares. Nada abstracto, nada superficial para guarnecer las paredes.
    La mesa del cuadril esta llena de souvenires de porcelana, demasiados. Estan limpios y me sorprende. Cisnes, elefantes, pandas. Tambien hay radios y caritas con notas. Vidas pasadas.
    Vuelvo a mi mision, la de revisar la musica que se ofrece y que me pueda permitir comprar. Hay mucha gente acotando el paso; el paraiso de un punga. Por eso nunca llevo nada. Y lo que llevo esta en los bolsillos delanteros. Los del pecho. En la marea de canas, pechos y patas voy cruzando los puestos y chusmeando. Primero aparecieron unos libros, muy cuidados, algunos embolsados, algunos hechos mierda. Leo los titulos en autentico chusmeo que es el que no tiene ganancias porque no puedo comprar ninguno. "La ley de la mujer", "Bancos internacionales", "Rayuela", "Crónicas marcianas". Uno se llama "Iglú". Todo es muy irregular, me empieza a chequear demasiado el vendedor, me voy antes de cruzar alguna palabra.
    Paso por un espejo que esta colgado, marcos de cuadros, quenas, discos musicales pero compactos y llego a uno de vinilos con un techo hecho de tela. Como para distinguirse de los demas. Y ahí acobijados estan los vinilos. Mirando para arriba, durmiendo uno sobre el otro. Con muchisimo polvo. Empiezo a examinar manipulando cada uno con la punta de los dedos. Paso mucha musica negra, funk, afro, reggae y llego a la clasica. Trato de buscar movimientos interesantes o raros pero con los grandes, Mozart, Bach o Beethoven. Hay uno de Grieg, lo pido. Movimiento en La menor. Uno de Haydn y otro de Haydn...

Capítulo 2